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Qué es la medicina estética

Para definir qué es medicina estética debemos partir de los dos elementos que componen este término: lograr unos resultados estéticos a través de procedimientos médicos.

La salud para la medicina estética

Estamos, por tanto, en el terreno de los facultativos, y no es redundante recordarlo, teniendo en cuenta que existen personas capaces de aplicar tratamientos médico-estéticos a clientes incautos. La dra. Ponga siempre hace hincapié en esta idea, porque como médico, para ella lo más importante es la salud de sus pacientes.

En este punto se introduce el primero de los tres factores fundamentales para la medicina estética, tal como la entiende y la practica la dra. Ponga junto a su equipo de Gaia Pro Aging: la salud.

La belleza y la medicina estética

El segundo de estos factores es la estética, la belleza, un concepto subjetivo y cultural difícil de definir, pero que en todo caso supone una cierta combinación de armonía y singularidad, una mezcla de lo que cada uno considera atractivo y lo que socialmente se reconoce como tal.

Con la definición de belleza entramos en terrenos inestables y opinables, pero en todo caso, parece que la tendencia actual es considerar que no se trata de algo puramente externo, sino que tiene que ver con la personalidad, el estado de ánimo, la actitud, elementos del interior de cada persona.

La medicina estética en la balanza

Para la dra. Ponga, el tercer componente de la medicina estética es el equilibrio. Algo a reivindicar especialmente a la vista de los grandes excesos que se realizan en este campo y del que todos somos testigos en transformaciones de las caras de algunas celebrities, verdaderas metamorfosis “para no dormir”.

Equilibrio para aplicar los tratamientos en su justa medida, la que permita recuperar el aspecto único e intransferible de un rostro que, por ejemplo, presenta síntomas de envejecimiento. Sin añadir nada que no le sea propio, sin tapar ni deformar.


Se trata de guiarse por lo natural y, en primer lugar, dejar que la piel cumpla su papel y sea la expresión de salud y felicidad interior. ¿Cómo? Simplemente aportándole aquello que va perdiendo con los años, y reponiendo las reservas que va consumiendo y que le es más difícil de reponer.

Este es el secreto para conservar una piel radiante y espléndida, bella a cualquier edad.

Afortunadamente, cada vez más son los tratamientos, tanto faciales como corporales, al alcance de especialistas para avanzar en el camino hacia la belleza, no solo garantizando la salud de la piel, sino preservando ese “algo” que hace único tu rostro y tu cuerpo.

Y este segundo nivel solo está al alcance de algunos profesionales de la medicina estética, como la dra. Ponga: la facultad, el “tacto”, el sentido estético capaz de captar ese “algo especial”, tan sutil y difícil de atrapar, y mantenerlo intacto después de los tratamientos.

Para la dra. Ponga y su equipo, la medicina estética se basa en ese trinomio inseparable de belleza, salud, equilibrio, a partir del que, con gran pericia médica y mucha sensibilidad estética, ofrecerte una imagen rejuvenecida de ti, como de hace diez años, proporcionándote tu mejor versión.

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Cómo evitar la cuperosis y cómo cuidar la piel afectada por ella

La cuperosis se manifiesta en el aspecto enrojecido, más o menos persistente – incluyendo a veces venitas visibles-, de la cara: mejillas y nariz, principalmente.

En los dibujos infantiles, unos pómulos permanentemente rojos pueden hacer más simpáticos a los personajes, pero en la realidad este rasgo es una muestra de patología de la piel.

Qué es la cuperosis

Afecta a vasos sanguíneos muy finitos –los capilares- que tenemos en la cara, a pocos milímetros de la epidermis. Su función es compensar la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior. Por eso, cuando estamos a la intemperie con mucho frío, nos ponemos rojos.

En la juventud, estos capilares son muy flexibles y totalmente impermeables. Sus reacciones son rápidas y precisas. De esta manera, aunque nos ruboricemos en un momento dado, la rojez desaparece fácilmente y sin dejar huella.

 

Cuando nos hacemos mayores, estos vasos sanguíneos van perdiendo sus cualidades: se endurecen y su capacidad impermeable se deteriora. Además de la edad, varios factores intervienen:

  • La genética. Las personas con la piel blanca y ojos claros tienen más probabilidades de sufrir cuperosis. También aquellas que enrojecen con facilidad desde niños. Además, las mujeres suelen padecerla más que los hombres.
  • El ambiente. En las regiones frías, donde hay temperaturas muy diferentes entre el exterior y el interior de las casas, es más frecuente que surja la patología.
  • El cuidado de la piel. En este punto tú tienes mucho que aportar para evitar la cuperosis. Vamos a verlo.

Cuidados faciales ante la cuperosis

El estado de la piel tiene mucho que ver con que se desencadene o no el problema, incluso en aquellas personas con tendencia a desarrollar la patología.

La película protectora de la piel está formada por agua y grasa. Cuando está sana, cuenta con estos dos componentes en proporciones equilibradas. En un rostro en el que se producen frecuentes contracciones y dilataciones de los finísimos capilares a los que nos hemos referido antes, la parte de agua se evapora con el calor de cada enrojecimiento, provocando que la piel pierda su equilibrio y quede desprotegida y frágil.

Si no tomamos medidas ante esa situación, las venitas se irán degradando más rápidamente de lo normal; algunas de ellas incluso se romperán y quedará a la vista una especie de tela de araña rojiza: la telangiectasia.

El progreso de la patología puede llevar a una deshidratación extrema de la piel, acompañada de descamación, granitos u otro tipo de inflamaciones, e incluso rosácea.

Si ya te encuentras en estas fases más avanzadas, en Gaia Pro Aging podemos ayudarte con tratamientos como el láser.

Para no llegar a estos estados, y evitar o retrasar la aparición de la cuperosis, te aconsejamos algo tan simple e importante como un mantenimiento cosmético correcto en el día a día.

– Utiliza por la mañana y la noche limpiadores suaves que no tengan que aclararse con agua.
– Aplica cremas hidratantes con componentes calmantes, que protejan los vasos sanguíneos, no tapen los poros, estimulen una buena circulación y nutran la piel.
– Usa protección solar adecuada a tu piel tanto en invierno como en verano, incluso los días nublados.
– Apúntate a las cremas con color: te protegen del sol y al mismo tiempo disimulan las rojeces.

Tu rutina diaria con productos de calidad para pieles sensibles marca la diferencia ante la cuperosis y su evolución. Como recuerda siempre la dra. Ponga, la base de toda belleza es la salud, y en este caso es evidente que una piel saludable y equilibrada esquivará estos problemas.

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