Medicina estética rima con ética

Cada año, en cuanto se acerca el buen tiempo, millones de personas vuelven a poner sus ilusiones en productos milagro que afirman poder acabar, sin esfuerzo y sin privarse de nada, con la celulitis, los kilos de más, la grasa acumulada, los signos de envejecimiento, … Alimentando estas esperanzas, todo un complejo entramado de marcas y negocios y la pasión, tan humana, por el consumismo, un afán nunca satisfecho por “tener”, y tenerlo ya, para desecharlo al momento siguiente y así poder seguir anhelando lo próximo.

Cremas, ampollas, pastillas, aparatos, prendas de vestir con innovadoras sustancias incorporadas… prometen y prometen en base a unos argumentos que cualquier persona, si se detuviera un momento a reflexionar, podría descartar razonablemente. Pero somos seres con tendencia a creer en los cantos de sirena, una y otra vez. Y si nos engañan un año, al siguiente estamos dispuestos a volver a creer en los milagros.

El inmenso mercado alrededor de este sector, enfocado a incrementar los millones de euros que se mueven en él, se inventa argumentos científicos que avalan estos productos o tratamientos: laboratorios que crean nombres de principios activos inexistentes, que ponen las explicaciones en boca de un “médico” para otorgarles mayor seriedad y/o se refieren a “estudios científicos” poco transparentes cuando no inexistentes.

Es imposible que un científico no sepa que, por ejemplo, la crema que te está intentando vender no le va hacer a tu celulitis ni cosquillas. Como mucho, va a mejorar ligeramente la apariencia de la piel.

Lo mismo se puede aplicar a productos o terapias contra la grasa, el sobrepeso, las arrugas, la calvicie…

También ocurre con la aparatología estética. Fabricantes que, utilizando un lenguaje médico y apropiándose de un argumentario científico, defienden resultados que sus máquinas están muy lejos de poder ofrecer. Una muestra reciente de este abuso de la buena fe de los/las clientes (por no calificarla directamente de estafa) es la proliferación de supuestos aparatos de criolipólisis, para eliminar definitivamente la grasa localizada.

Centros de medicina estética, establecimientos de estética, e incluso peluquerías, aseguran tener el aparato crucial para destruir la grasa con la efectividad de una liposucción quirúrgica, a pesar de saber que la máquina que tienen no puede conseguir lo que promete, que solo un aparato médico de nombre CoolSculpting® tiene la capacidad real y comprobada de eliminar las células grasas para siempre.

En definitiva, en el campo de la estética en general y la medicina estética en particular no ocurre ni más ni menos que lo que sucede en otros mercados. Sin embargo hay un factor que para profesionales médico-estéticos comprometidos con su profesión, como la Dra. Ponga, supone un agravante fundamental: hablamos de una especialidad médica, un campo íntimamente vinculado a la salud; un sector donde la ética debe guiar todas las acciones, en perfecta sintonía con el juramento hipocrático.

El mundo de la medicina estética avanza a pasos agigantados y efectos que hace poco no podía prometer son ahora posibles. Es exigible que al cliente se le informe exactamente de lo que puede o no puede conseguir de momento. Si todos los profesionales implicados pusiéramos el respeto por la persona/cliente en el centro de nuestras acciones, este maravilloso sector ganaría en credibilidad y prestigio.

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